El Rey de los cobardes

Inspirado por un sueño de Arturo Hernández

El sopor es casi igual a una mordida;
a unas garras afiladas
arrebatando sueños pueriles
abstracción genuina, vida
que yace en una camilla, adormecido
cerebro lleno de esperanzas.

Difícil escribir de manera sigilosa, estar
en coma, o vivir en la Colonia Roma
sin que yo retome la escritura o yo no coma
esperando el diploma fabricado.

Estoy en la punta de la sensación final.

¿Quién soy yo para crear-arte, destruir-e-irte?

Por eso huele a carne fresca, masticada
por el rey de los cobardes,
ese león en reposo absoluto
con ligereza
representa la hora de la modorra, morbosa
persistente.
A la muerte.

Pero virtuosa:
No soy mujer;
ni hombre.
Solamente una acaudalada facultad del alma,
Noble realce: inaudita
pesadez en los párpados
testigos condenados, llenos de tragedia.

Entonces vi al león saliendo del pánico,

apareció el terror

cuando la cacería cobró fuerza
sin necesidad de esconderse.
La presa lloraba.
¿Por qué la niña tenia
que estar más cercana al rey?
El león:

empieza a correr,

el polvo queda atrás, duda
un segundo,
vuelve su mirada
clavándola en una pequeña.
Enfrente de la nube de tierra, iba
el camuflaje del éxtasis de un ataque salvaje.

Por Édgar Javier Ulloa Luján

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s