Mujer fronteriza

Mi madre basamento
mi padre desahogo
mi amado libertad
arena de un grano
tan origen, tan destino.

Marisol Nava


Volcó la gravedad el
peso de mi contento,
convirtiéndose una herida
en lamento.

A momentos entorpecí
cuando el corazón
cerró sus venas.
Y la sangre:
hecatombe admitido
salpicó.

Derrocó la verdad a mí
cuerpo. Luego surgí
de la nada.

Organismo nacional
que se pudre
como cualquier fruta
como tan corta la vida, que no basta
como para permitir, y
terminar de besarte; cada
átomo de ti. cada instante.

Heme aquí sola
enfrente de mí.

He de soñar,
cumplir expectativas
tumbada
-nos enterramos.

ÉDGAR JAVIER ULLOA LUJÁN

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