Desconsuelo de los juarenses en México

Desconsuelo de los juarenses en México
Por Edgar Javier Ulloa Luján

Y Calderón dijo, hágase la guerra. Y ocurrió guerra. Y de esta guerra, Calderón creó la muerte sobre el pavimento. Y a los hombres de Juárez les fue quitada la plaza sobre todos los daños colaterales (acostas de inocentes y víctimas del mal gobierno). Pero ellos quisieron hacer su guerra, ignorando los derechos humanos. Es por eso que la presidencia de México decidió dominar a los cárteles, y los soldados arribaron a Juárez oprimiendo a sus ciudadanos. Y los juarenses fueron asesinados, secuestrados, extorsionados, desaparecidos por la policía federal y uno que otro malandro. Y ya no se sentía la libertad que se respiraba por los poros.  Así  los federales constriñeron a los juarenses convirtiendo sus vidas en angustia y sumisión.

Y murieron todas las generaciones que andaban en malos pasos en Juárez. Y los demás hijos de clase alta de Juárez fueron secuestrados, extorsionados y desaparecidos como antes dicho. Y los otros hijos de Juárez fueron disminuidos, debilitados y es por eso que se deshabitaron las casas, las iglesias, los negocios y las calles, casi  medio millón de habitantes se fueron gracias al tsunami de violencia.  Mientras tanto, se alzaba sobre los Estados Unidos de México un jefe déspota que nunca reconocía que Ciudad Juárez moría de angustia; y dijo a su pueblo: He aquí, el pueblo de los hijos de Juárez es mayor su alcance en el mercado y más fuerte que nosotros. Ahora pues, seamos competentes para con los de La Línea, para que no se multiplique su droga, y acontezca que viniendo guerra, también se unan a nuestros enemigos y peleen contra nosotros, y se vayan de la tierra. Entonces pusieron sobre ellos policías federales para que los molestaran con sus cargadas camionetas; y se instalaron los cuarteles en hoteles y fabricas maquiladoras abandonadas conocidas como golondrinas, (figura retórica). Asímismo, para Calderón la ciudad se convirtió en un almacén del crimen. Pero cuanto más los oprimían a los de La Línea, tanto más se multiplicaba la droga y crecían las ganancias para un cartel en especial; el bolsillo presidencial, de manera que los federales temían a los hijos de Ciudad Juárez dejándolos huérfanos. Y los federales hicieron servir a los hijos de Juárez con dureza, y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro de cocaína y ladrillos de maríguana, y en toda labor clandestina del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigor.

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