HA DE SER MENTIRA ESTE POEMA NO-FICCIÓN

Arriba de la oficina
hubo un montón de alacranes sueltos;
arriba de la prisión del intelecto
hubo un suicida volátil;
arriba del puma negro, un cachorro hambriento.
Un cachorro que
come a
cantaros
pájaros
caídos
de los
nidos
por los arboles esbeltos
de los parques herbarios.
Yo olvidé que vivías
yo olvidé que dirías si estuvieras tuerto:
“Es mejor caminar por la cuerda floja
o ser un padre mal acostumbrado al exterminio de gorgojos”.
Ha salpicado en mi tu llanto. El llanto que tus ojos lloran
y el aturdido laberinto de mi oído caracol. Ningún
molusco me ganara la carrera a los rascacielos,
no porque yo sea un conejo fluorescente, ni
tampoco sea
el abominable hombre de University Place
masticando los fósiles de los taburetes
y la señora barbuda
y tirabuzón rubio que da vuelta
y bambolea
por el billete pegado
que deje con resistol
en la pared del Deli de la esquina para que lo recogiera.
¡Oh que delirio, mar mío!
Yo permito a
todos uds. que
sigan esa burla de mi.
Yo permito a todos uds.
que ignoran
la virtud
de la ignorancia
a que sigan comiendo palomitas de maíz
los gajos del oficio “peculiar”.
Saquen de su semen a su mejor impostor,
saquen manantiales de semillas viscosas
para que estén cabalmente sobrios
y puedan conjeturar suspicacias
a la hora del recreo. Y si yo no les creo
a los futbolistas de las porterías en el Pier 40,
son por sus
balones ponzoñosos
¡Viva la corona de espinas!
¡Que vivan los monarcas goleadores de piernas flacas!
Machistas uniformados de un equipo de futbol soccer.
Los invito a sudar sangre.
Porque
Es el paraíso, la corona
Es la vida. No es un capitán.
Hay una distancia muy grande
entre Popeye El Marino y las
caminatas filosóficas de una hormiga atómica
en busca de una trinchera de pasto artificial;
en su intento de cargar a la gran manzana
abandonada con una mordida chimuela
por el Rey Juan Carlos II
y la maraña, el sótano del mundo
donde vive el gusano de maguey
que nos transporta de Brooklyn a Manhattan
atreves de los túneles del amor enfurecido.
Yo sé,
he sido mi propio tormento, piedra entremés.
Luna tu sonrisa
que atropella la maravillosa ficción de esta poesía.
Soy consciente,
Luna tu sonrisa
que navega en alta mar,
alta mar dentro de una botella vacía
lanzada al East River.
“¿Te parece licito seguir aquí?”, ella preguntó
“¿Ya ordenaste los pasajes del avión?”, ella preguntó
¿Vas a regresar con tu viejo amor?, ella sonrió
Aplica a un PhD o cásate con una gringa, ella me dijo.
“Yo te ayudo”, ella dijo. Pero hasta la fecha, todo ha sido mentira.
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