MI SOMBRA

De una manera descarada allanó el valiente hálito:
Acá en las pavesas vi consumirse los insignificantes pedacitos que saltaron de la hoguera,
de aquí, allá y acullá posiblemente ardió tanto como gestando un tártaro amarillento.

Ahora pienso en mi visa, en mis lentes filológicos, y en la disímil realidad aturdida.
En el cielo distante, un sol detrás de esos chubascos como serpientes volátiles en forma de letras,
mi sombra, aún así, me ampara cuando camino en la banqueta, y volteo, y ya no hay sombra.

Y luego yo ahora a mis a 33 años resulto ser un poeta. Yo busco y busco
cómo hacer para estar al pendiente de todas las voces de mi cabeza.

Rezagado de la orbe.
Aparecí de la barbarie y la inopia post-colonial, mis errores me hicieron fuerte.

Fue la marea,
la que me llevo lejos del paradero.

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