QUEJAS

Ruta

Repetir la misma maniobra a la que
yo podría describir de la manera más hermosa clichéana,
es la partida de cada jornada de trabajo del transporte de personal.
Yo podría hablar de los pasajeros—imaginándomelos—,
que van viajando rumbo a su trabajo. Yo podría pronosticar
la fugaz edad del que va sentadx (en ese mundo imaginario), y
lo peor de todo, es que yo podría decir que,
las calles son como venas de la ciudad de las oportunidades, y
para acabarla de molar, el corazón son como las maquiladoras.
Te digo, yo podría decir tantas barbaridades, por ejemplo,
que ellxs iban escuchando a Juan Gabriel en la radio, pero
por qué debería escribir e imaginarme cosas
que tal vez no importan. —Mírate nada más ahí, sentadx
en el mismo lugar y sin la misma gente o nadie que te vea desnudx.
Yo no he estuve ahí cuando se congeló esta imagen en el tiempo,
ni tampoco se cuánto tiempo se demoró en cruzar
la persona que va detrás de esas ruteras, pero si sé
quién es, y sé adónde iba. Ella es la persona más chingona,
siempre bien vestida. Ella es una persona adulta;
viviendo, disfrutando, trabajando en Ciudad Juárez.
No tiene miedo de vivir y salir todos los días a trabajar.
Ella es taxista, es arquitecta, diseñadora de trajes de baño, yo
sé esto porque recuerdo cuando fuimos a Mazatlán.
Todos somos como los ojos de una fotografía, sabemos
que el lente de la cámara es realmente el tercer ojo,
pero nos quedamos ciegos cuando vemos la verdad.
El chofer del transporte de personal no tiene la puta idea
de que maneja como diablo suelto.
No le importa quien viene atrás de ellxs.
Quién sabe que es lo que comen,
si un burrito de barbacoa o de chile relleno, o anden
bien prendidos en algo anti-espiritual. Uno de ellos,
estoy seguro y esto no me lo pueden echar en cara,
lleva caviar del bueno, del que le sobró de la fiesta,
de esa de Colombia, y (ama) apreciar por el espejo
retrovisor la piel morena de las pasajeras, y no nada más la piel,
—deja tú—, les pasa recaditos pidiéndoles su teléfono.
Es aquél que va allá,—mira—, pasando la esquinas de la calles
Ave. A. J. Bermúdez y Blvd. Cuatro Siglos. Cuando sus pasos
bajen de la ruta para ir a su casa a descansar, ojalá
duerma pronto y rece un padre nuestro, pero
yo no creo en la ficción. Yo soy un ordinario hombre
más que se imagina cosas e historias, y eso también es ficción.
Espero que en mi ficción todo salga bien, y no pasen cosas
malas, pero los que venden ficción en formato libro, venden
historias de horror y de injusticias. Mejor por qué no creamos
juntos un mundo no-ficción. —Oh—, pero cuál es la diferencia?
No tenemos de otra que esperar a que el transporte público
deje el camino libre y tener cuidado de no atropellar a nadie.

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