CARTAS SIN DESTINATARIO

Tantos moretones

después de la caída,

se enloda el camino

con chorros de hartos llantos y

llevo en la mirada dos mundos paralelos.

Llueven por los ojos cántaros

cuando las flores duelen

y nos culpan de su muerte

y aun así el hombre por vivir

se diluye en el jarrón de la flora.

 

En alguna parte en la ventana

el cristal de la habitación truena

esas grietas hambrientas y secas

son las ramas y relámpagos

del enaltecido mar

de alguna nube varada

creyéndose la frontera

cayendo a los pies desde el paraíso

cartas sin destinatario.

 

Los gatos negros que están sucumbidos

a media calle, son despedidos

por las aves volando

en círculos, yace el hedor

y la noche los devora noche

con cola de zorro, la sangre

es más oscura dentro del corazón.

 

Se nubla la cabeza de tormento,

la migraña indisoluble de lo permanecido.

Latidos tocando a la puerta de la deportación

involuntaria. De vuelta, al país de origen.

Tantos moretones después de la caída,

se enloda el camino con chorros

de hartos llantos       sus retoños.

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