LAS MANECILLAS DEL RELOJ

No puedo dejar de ver el lucero de la mañana,
aunque sé que la volveré a ver: quedan todas en mi mente
indiferente, piel pegada a uno mismo y a lo irreal.
Al igual que los revólveres, perfecta analogía de la civilización.
Voy a dispárame a mí mismo,
voy a reventarme los sesos con los mecanismos de la nación.
Y a veces el recluso piensa que tiene más libertad
que los soldados verdes matando con sangre por amor.
De las aberraciones, la ineficacia de las innovaciones
e invenciones modernas
ya no son esenciales para todo el mundo.
Es curioso, pero de nada sirven.
Lo que me duele, es que todas nuestras tres ultimas
guerras mexicanas, no han sido todavía
consumidas por la hoguera, no hay altas llamaradas
ni escombros de libros rotos llenos de historia
ni de huesos extinguidos en la memoria.
Y en vez del llanto retumba un tambor
Y en vez del llanto retumba un tambor
Y en vez del llanto retumba un tambor
Y leo para matar el tiempo, pero al final;
yo soy…
yo soy las manecillas…
yo soy las manecillas del reloj…

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