The Grocery Store Across the Tex-Mex Border (Poem No.11)

In the grocery store,
my mother found out
there were kidnappers
that were also costumers.
As Pilín, who was a
“flaquillo, flaquillo. Era buena
gente pero andaba
en malos pasos.”
Iba a comprar cigarettes
and sodas a la tienda.
Oía de él por la gente
que le contaba
las malas cosas que hacía
a otras personas inocentes.

Algunos querían
prevenirla de él,
y le recomendaban que
cerrara la tienda cuando
él viniera en grupo.

Al final, dice mi madre,
“Pueblo chico,
infierno grande”. La tienda
de abarrotes, empezaba
convertirse
en una escuela pa
conocer
el
ser
humano.

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The Grocery Store Across the Tex-Mex Border (Poem No.10)

One time Pee-wee
saw a man from the other
neighborhood fraccionamiento Córdova
fue a comprar
una caja completa
de pastillas de mejorales,
—the best pill for a headache
una pastilla como la desenfriol,
una pastilla
que se vende en cualquier farmacia
para el dolor de cabeza.
Y Pee-wee le comentó
a mi mamá
que esas las usaban para molerlas
y rebajar la cocaína.

De hecho, Pee-wee conocía
a todos los malandros y
me aseguró
que los policías
recibían dinero
pa darles chance, me dijo
mi madre, y también que
cada uno tenía su sector
pa robar los carros.
Eran tan descarados que
se ponían a platicar
adentro de la tienda de
todas fechorías y
mi madre se hacía
como que no escuchaba.

Una vez entró
un muchacho corriendo
con una bolsa de plástico y
le pidió a mi mamá el peso
exacto de ese paquete:
“¿Lo quieres exacto, exacto, exacto?
Si lo quiere exacto,
déjame que le quite la bolsa”,
le dijo mi mamá pensando
que llevaba un queso.
“No, no, no, no señora así está bien.”
La bolsa contenía medio
kilo, era de droga,
según le comentó después
Pee-wee a mi madre,
y, al parecer, el chavo
quería asegurarse
que lo que había comprado
era de ese peso. Mi mamá
se quedó de los nervios, y
triste pensando en que ese
joven pudiera ser su hijo.

The Grocery Store Across the Tex-Mex Border (Poem No.9)

El Pee-wee era un fulano
que andaba mal, en el narco.
Que iba a la tienda. Hacerse wey.

Mi mamá tenía miedo de correrlo
porque no quería que
le hiciera algo a su esposo o hijos. A nosotros.

Siempre que él iba
mi mamá le llamaba a mi papá
pa avisarle que ahí estaba. Molestando.

Años después,
él le disparo en la cara
a la hermana de Ramón,
uno de mis amigos
del fraccionamiento Chamizal.
Del Fovi II.

“Yo le tenía miedo. cuando
Pee-wee iba a la tienda
a tomarse una Coca Cola.
Pero se quedaba ahí parado,
a mí se me hace
que llegaba drogado,
nos aventaba besos
cada vez que pasaba
por la calle. Yo mejor
lo saludaba con respeto,
le daba por su lado.
Era la única persona
que yo le tenía miedo,”
decía mi madre.

Era uno de esos
morbosos
como del centro de la Avenida Juárez o Mariscal.

“Esa niña cuando crezca
va a tener buen cuerpo.” Le dijo a mi mamá sobre mi hermana.

Le comentó que un amigo
de él estaba
enamorado de ella,
de 12 años.

The Grocery Store Across the Tex-Mex Border (Poem No.8)

A unas siete
casas de la tienda vivía
la señora Vicky.

Era una muy noble y
mayor. Ella no salía
mucho de casa.
Sólo iba a la tienda a beber
una coquita
y a fumar un cigarro suelto,
a platicar sus
penas y sus alegrías.

Vicky era de Torreón,
en el estado de Coahuila,
como miles de inmigrantes
que llegan hasta Juárez
para … en las maquilas,
pero ella no trabajó en una de ellas.

Era alguien muy
especial, una persona
mayor que daba
consejos a mi mamá.

Uno de los mejores
fue un verso respecto a la relación de parejas
que guarda en su memoria
como un tesoro de sabiduría:

“No uses malas
palabras cuando estés de mal
humor, porque vas a tener
muchas oportunidades
para cambiar tu mal humor,
pero muy pocas
oportunidades para
reemplazar las palabras
que dañan un corazón”.

The Grocery Store Across the Tex-Mex Border (Poem No.7)

Y en Juárez
desde la tienda de abarrotes
se podían ver,
lo más parecido a un paraíso
eran los atardeceres, con sus naranjas.
For the rest,
nothing was as objectively beautiful
like in other Mexican cities.

Only the possibility of dreams,
a veces quebrados, en una ciudad convertida
en el modelo feroz del capitalismo,
where a human being still
is only valued por su capacidad de producción
y ni los empresarios
ni los políticos care to pay
the maquiladora workers salarios dignos,
para que los operarios de las maquilas
no vivan en casas de cartón y bloques,
with no street lighting functioning,
and the peripheral of the border town
with unpaved streets,
y en donde a veces llegan
camiones de Coca Cola before the trucks
that supply drinking water. En colonias
donde no hay muchas escuelas
secundarias para sus hijos adolescentes,
convirtiéndose en carne de cañón
para el Cártel de… in this city that
is also a major step for drugs coming
from … para cruzar a … through …
the safest “gringo” city
(with 13.3% of white alone).
The horror,
the dead, no solamente
stays in the memory of the border inhabitants.

My dear J-Town
que llegó a convertirse
en la ciudad
más peligrosa del mundo in the Mexican drug war,
ahora ya te hemos abandonado;
tus hijos, but
te recuerdo para no olvidarte. Some of us will come back
pero otros son vagabundos hemisféricos.

Perdóname,
yo siempre quise viajar a todos aquellas zonas fronterizas,
aunque fue imposible.
No lo tomes a mal, yo
quise conocer el mundo
y conocer a cada frontera
nunca quise ser ese infacundo
mucho antes que la violencia enloqueciera.

The Grocery Store Across the Tex-Mex Border (Poem No.6)

En Seattle, en el estado de Washington,
there was a kindergarten where Señora Mila’s granddaughter went
Sra. Mila was one of the few loyal customers
who used to wait for my mother to open the store so they could chat.
Mini Súper Las Fresas was famous at that kindergarten in Seatle.

One of the teachers,
who came to Juárez for an appointment at the U.S. Consulate
le dijo que la pequeña hablaba de el mini súper Las Fresas
como si fuera un paraíso de dulces.
And she said that
among children there is a rumor
about a grocery shop across the Tex-Mex border
where you can get all the candy you want.

Children started saying they wanted to go to Ciudad Juárez
a una tienda que se llamaba Las Fresas
for the paradise of unlimited free candies.
What they did not know is that
Mrs. Mila paid for all the candy for her granddaughter,
the one who had emigrated to the United States.

The Grocery Store Across the Tex-Mex Border (Poem No.5)

Once my sister was
in our store.
My sister,
who has a huge green eyes embedded
in a white complexion,
was spoken to by a man
who came to buy some things.

He said he loved bicycles
and asked my sister if she did, too.

A week after the man returned,
but appeared on the other side of the street,
beckoning my sister to come with him
for bike ride. But my sister refused
and shook her her head no.

My mother was restocking the candy.
She saw what happened from the counter
and came over. The man explained
to my mother that he just wanted to give my sister a bike ride.
My mother,
instead of getting angry,
told the gentleman that my sister was not going with anyone.
“She doesn’t even go with her father for a bike ride,
actually, my husband is in there with my son,”
she started to say,
making the stranger think that she was not alone. But she was.

He disappeared quickly.
I wonder if my sister who is so beautiful,
who looks like a fairy tale princess,
if she would have become one of the many girls
who disappear in my beloved Ciudad Juarez
under the indifference and complicity of the authorities.