A TODO COLOR

En verticales franjas de colores
el sarape cortado con la figura de la república
mexicana colgada por las orillas
con agujas incrustadas a través de los lienzos fijados
uno con otro, figura el paradigma;
estratagemas de las narco-guerras:
Chihuahua en carmesí,
Monterrey en ocre,
Coahuila, Veracruz, Tabasco y Campeche en verde,
Michoacán dividido entre púrpura e índigo,
Jalisco en blanco,
Guerrero en gris,
Durango, Sonora y Baja en negro.
En el colorido país sobre los lienzos en la pared,
puse las banderillas de jardín del once de septiembre
que quité de la universidad para colocarlas
en el segmento superior del sarape,
quedaron como muros de telas ondulantes.
Es fastuoso ver a dos naciones a todo color.

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LAS MANECILLAS DEL RELOJ

No puedo dejar de ver el lucero de la mañana,
aunque sé que la volveré a ver: quedan todas en mi mente
indiferente, piel pegada a uno mismo y a lo irreal.
Al igual que los revólveres, perfecta analogía de la civilización.
Voy a dispárame a mí mismo,
voy a reventarme los sesos con los mecanismos de la nación.
Y a veces el recluso piensa que tiene más libertad
que los soldados verdes matando con sangre por amor.
De las aberraciones, la ineficacia de las innovaciones
e invenciones modernas
ya no son esenciales para todo el mundo.
Es curioso, pero de nada sirven.
Lo que me duele, es que todas nuestras tres ultimas
guerras mexicanas, no han sido todavía
consumidas por la hoguera, no hay altas llamaradas
ni escombros de libros rotos llenos de historia
ni de huesos extinguidos en la memoria.
Y en vez del llanto retumba un tambor
Y en vez del llanto retumba un tambor
Y en vez del llanto retumba un tambor
Y leo para matar el tiempo, pero al final;
yo soy…
yo soy las manecillas…
yo soy las manecillas del reloj…

EL DESIERTO PASA AL PASO

Por muchos abriles he contemplado
los ruidos fenecidos en la travesía

y corroído en el oído por ellos
exclusivamente atajan y van atinando

en el animal que se esconde en mi
aquellos son pájaros innombrables

o mendrugos de alas hurtadas
y las he visto caer en la adversidad

narcisismo en el mismo ismo
exceso de poesía expresionista y cubista

He hecho con el Dadaísmo una polifonía de delirio
No hay banderas blancas en el cielo

He experimentado con el Ultraísmo una luna
entre las ramas y el sol,

Ha subido mi súbito aliento
sobre los cruces de las cruces montadas en el muro fronterizo

Abajo       el desierto pasa
y lo cruzan los paisanos como soles nómadas

La noche regresa a la cacería cínica llena de jaurías
He adiestrado al Creacionismo como Vicente Huidobro

que advirtió de un helicóptero con palabras asesinas sobrevolando
en La Moneda

He usado mis manos con el Surrealismo
recortado letras del clasificado del PM

y mandado narcomantas anónimas a mis enemigos

No hay que ser cobardes

se derrama sangre o no se derrama
No he sabido sangrar

Por muchos abriles he contemplado
los ruidos en la travesía

dónde poner el odio,
si oyendo a través de la base de un vaso contra la pared?

Pensé que eran la resonancia de las conchas
pero eran violines y pianos desafinados de mis vecinos.

EL RUIDO AZAFRAL DE LA LICUADORA

Porta cuchillas debajo del vaso de la licuadora.
Acero inoxidable. Leche lista para la proteína de soya.

La solución de espinacas vertiginosa se cuela,

Se va a liquidar, aquí, “Popeye El Marino soy”
Es una matraca, ametralladora, una tacita, una

Licuadora diciendo, nadie más que yo te argamasa los huevos
orgánicos de gallina, de siéntate y ahí nos vemos

No hay nada más polifónico que auscultar
al motor de la licuadora

Mete los dedos. ¿Que estas acechando?

 

Acerca de este poema

Este poema enclaustra un protocolo matinal —bien mañanero, de un licuado de espinacas con huevo y proteína. Soy un fan proteinaico o naco y también un paranoico por naturaleza. Sin embargo, me gusta demasiado salir corriendo como si sufriera un ataque de pánico y correr como si me estuviera persiguiendo un león o escapándome de un asalto al banco. (No que lo estoy planeando, aclaro) y reventar esos chamorros que para eso son, ¿O apoco no? Especialmente cuando los versos inaugurales licúan al poema, claro que, yo sí sabia lo que estaba escribiendo desde un principio. Un poema licuado junto con mis sesos, ahora veo cómo algo tan simple y tan absurdo no funciona para iniciar una conversación con alguien, por eso estos versos funcionan como una poética de la licuadora, porque no podemos decirle a cualquier persona estas mariguanadas. Simplemente no va. ¿Quién metería sus poemas a la licuadora y se les tomaría de un sólo trago? Nomás yo compa. Un poema no debe ser leído, debe ser bebido también. ¿Por qué no estás de acuerdo? ¿Quién te dijo que los poemas no tienen vitaminas? Y tu me preguntas, “¿Acaso escribes a lápiz y en papel reciclado de lechuga o algo así?” Yo te contesto, “Se escribe como se escribe, en papel comestible, y que te sea nutritivo, con un poema escrito con pintura vegetal si quieres”. Tu cara así como que…, “Ya no hay virtud…”. Y yo te digo, “Ah pues qué fufurís nais”.

CHILLS

This is my friend who was set on fire,
A dear friend of mine who lost his mind.
The splash of water. The big splash.
I didn’t know what to do then,
When my friend was abandoned by his mother.
His mother, a ghost.
I had to help him, I had.
As if he were my own child, my own son.
His face, blurry—I’m sure it was him,
He wore a white cap
And he was beginning to forget everything.
Everything.
I, at first didn’t know
what to do, nor where to go.
He did not react to what I’ve asked,
He ignored me as if I did not exist.
Flicker. The pills, lying on the carpet.
I realized that he needed them.
I took him to a place where they could take care of him,
But he kept falling from a bridge
to the river. Splash.
And when he fell every time. Splash,
He tried to cross the other side,
Fire came out of the water. Burned.